14 jul. 2016

El final en siete microrrelatos

1.      La última sonrisa
Me miraste desde tu sillón. Me sonreíste enseñándome esa maldita dentadura perfectamente alineada. Pero a mí sólo me salió devolverte una sonrisa forzada, deseando por dentro que por nada del mundo te levantases y te acercaras a mí. Comprendí ese mismo instante que lo nuestro era la crónica de una muerte anunciada.

2.      Los besos perdidos
Como tú ya nunca lo hacías, me acerqué yo a pedirte un beso. Accediste sin más, no tanto por ganas de mí como de no discutir, y caí en la cuenta de que realmente deseaba que te apartaras para iniciar esa discusión. Me pregunto cuántos besos perdidos nos habremos dado.

3.      Dos cosas
Hemos sido dos cosas independientes. Dos cosas que por propia voluntad renunciaron a parte de su independencia para ser casi una sola cosa. Pero ahora mi ser independiente se revela y lucha por ser de nuevo una cosa en sí misma. Quiere ser libre de ti y espera que tu ser quiera también ser cosa por sí misma para que, por dios, haga nuestra despedida para siempre un poco más sencilla.

4.      Triste es
Fue triste tenerte cerca, buscar tu sexo y, sin embargo, recurrir a la masturbación para saciar mi sed de ti. Pero el tiempo pasó y más triste es ahora, que te tengo de verdad y con ganas me ofreces tu sexo y reclamas con pasión el mío, mientras yo te rehúyo y, para qué negarlo, echo de menos la masturbación.

5.      Temporal
En mitad de aquel tácito temporal que nos azotaba, probé sin demasiada fe a decirte una de esas chorradas que antaño te enamoraban, no fuera que casi como por arte de magia las nubes se fueran, el sol brillara de nuevo y resurgiese la ilusión. Tu respuesta indiferente, despectiva si me apuras, me hizo comprender que por tu cabeza arreciaba la lluvia y que la mía debía seguir hundiéndose bajo el agua.

6.      Abismo
Nunca he hecho puenting pero ahora siento la adrenalina. Estoy subido a la barandilla, con el abismo a mis pies, a punto de dar el gran salto al vacío. Quiero hacerlo; es necesario que lo haga, y aunque durante la caída sea capaz de esbozar una sonrisa y gritar de emoción, no estoy seguro de ir amarrado a cuerda alguna, y sé que la hostia allá abajo va a ser buena.

7.      Después de todo
Mi índice apunta a mi cabeza. Puede que lo tenga claro aquí dentro. Que le dé mil vueltas, que busque mil excusas y que trate de autoconvencerme de mil maneras. Que intente, sea como sea, poner la pelota en tu tejado para que tú des el paso. Pero la cruda realidad es que, después de todo, tienes razón y lo que me pasa en que me faltan un par de cojones para cogerte por banda y escupirte a la cara todo lo que llevo dentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario